Mi vida compartida en pedazos

dijous, 30 de maig del 2019

Con mucho respeto

Hoy quisiera escribir sobre la partida del padre de mi amiga.

Pero ahora que me encuentro ante la página en blanco, unos nervios me invaden el estómago. Es como una sensación de decoro hacia mi amiga, hacia su padre, hacia lo sagrado del momento. No resulta tan fácil escribir sobre ésto, sobre cómo continuó la historia de mi amiga y su padre.
Realmente siento que qué derecho tengo yo a contar ésta vivencia tan y tan íntima.
 Conecto con mis adentros y pido permiso para compartir siento más calma. Tengo permiso. Y a la vez tengo ganas de llorar por sentir la gran generosidad de éste ser.

Como os dije, el padre de mi amiga tenía angustia porque sabía que le llegaba su hora y no quería despedirse, sobretodo de sus nietos. Però rápido se entregó al amor y puso sus manos palma arriba para recibir el apoyo de aquellos que no vemos pero que nos protegen si se lo pedimos. Algunos le dirán Ángeles, otros seres de luz, otros Santos. No importa el nombre, importa la esencia. Y lo que importa és que estuvo con él otorgándole la plenitud y seguridad que necesitaba para poder despedirse de su familia y de un gran amigo, al que parecía estar esperando.

Todos tuvieron tiempo de hablarle en silencio, desde dentro, y decirle todo lo que solo en momentos así gozamos decir. Y él pudo regalar su sonrisa a su hija y pudo recibir la visita de su amigo.

Dos días después de la primera visita, el dolor físico, el malestar y el miedo dió pasó a la paz y por fin marchó tranquilo, dormido, en paz. Y también así se quedó su familia con su proceso de duelo, pero desde la certeza de la muerte serena y sobretodo no dolorosa físicamente de su padre.

Gracias infinitas por la oportunidad de formar parte. Respeto y decoro infinito.